EL BANQUETE DE LAS RATAS

Veintiuno

El ministro Santiago Pombo Valencia, la confinó en una casa pequeña, lejos de la ciudad, donde era custodiada por una pequeña guarnición de seis hombres que se dedicaban a jugar con naipes.

Carlota Henríquez Machado Lean, escribía cartas que jamás serían enviadas, que nunca nadie leería en el gobierno. Reclamaba sus posesiones como viuda del comerciante Yusuf Hechem, los honores y derechos como viuda del desaparecido amo y señor, rey del territorio peremerimbino, Juan Tawain Elerguido, y que se tenga en cuenta su colaboración para con el gobierno.

Los soldados se limitaban a impedir que salga de la casa. Al principio les quiso ordenar que abriesen las puertas y las ventanas. Después, gritaba. Después pedía por favor. Ofrecía, lotes inmensos de sus tierras a cambio, hasta servicios sexuales. Nada.

Había veces en que hurgaba entre las hendijas, para que ingrese algo más de sol a sus habitaciones. Otras, en que corría descalza por las habitaciones, golpeando su cabeza con fuerza en las paredes de material y en las de madera. Ya no peinaba su cabellera larga ni aseaba su cuerpo, había enloquecido, dicen.

Uno de los soldados que le alcanzaba la ración diaria de comida, la encontró muerta al pie de la escalera que conducía a los dormitorios. Llámó a los demás. Informaron la novedad a sus superiores. La comitiva médica llegó cuatro horas después, al entrar, el cuerpo de Carlota estaba cubierto por más de cuarenta ratas. Dicen que tenía 66 años al morir, que fue tomada prisionera a los 62, luego de firmar la paz y de deponer el uso de armas contra el gobierno conservador. Dicen que durante un año tuvo servidumbre. Pero retiraron a todos en la Navidad siguiente. Para el último día de aquel año, todas las aberturas de aquella casa prisión, fueron selladas, a pesar de sus súplicas.

Los comerciantes llamados "turcos", socios de la malograda Asociación de Comerciantes importadores y exportadores peremerimbinos, fundada por Yusuf Hechem, fueron los que anunciaron que mandarían el barco fúnebre a retirar sus restos. El mismo barco que llevaba a los próceres de las cruentas luchas pasadas.

El trámite nunca fue autorizado. No existían antecedentes bibliográficos de la existencia de dicho barco. La asociación fue disuelta. Se declaró el libre comercio. Los "turcos" aseguraban que había que soltar un globo aerostático. Era la señal para que el barco apareciese de noche.

El Concejo de Sabios peremerimbino determinó que Carlota Henríquez Machado Lean no había sido considerada guerrera de la causa, sino que la movía su ambición particular, que estando casada con el señor Yusuf Hechem, supo amanecer en la cama del comandante Elerguido, luego de ofrecerse a extraerle una vieja esquirla succionándole sus partes íntimas. Según constaba en relatos de las otras generalas convivientes.

En los meses de incertidumbre posteriores a la muerte del comandante un periodista afín llamado Teófilo Cabanillas, pidió investigarla ya que sospechaba que ella había asesinado al general  Fuentealba clavándole un puñal en la espalda.

Otros acontecimientos sucedieron. La inmediata invasión del ejército nacional en todos los frentes, hicieron olvidar rápidamente aquel escándalo. Pero nunca nadie la quiso. Recuerdo que me contaron.

©Walter R. Quinteros-Cuentos de Peremerimbé







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