LA SUGERENCIA DE YOSNAR

Once

—El mejor plato que sirven en este hotel se llama ceviche, amigo periodista.

—Nunca lo he probado  —le digo al señor Quispe—.

—¡Hey amigo, cómo me dice eso! —exclama el señor Yosnar Quispe—, usted que es periodista debiera dedicarse a brindar información sobre gastronomía internacional, ésa será la profesión del futuro. Anote los ingredientes de este plato exquisito que hice preparar para esta ocasión. Lleva un kilo de filetes de pescado fresco, dos o tres choclos, dos o tres ajíes, mejor no tan picantes los ajíes, veinte limones del tipo sutil, dos camotes grandes, o sea, la batata que le dicen ustedes allá, una cebolla roja grande o métale dos medianas, dos cucharaditas de sal, una de pimienta negra, otra de ají, algunas ramitas de cilantro, dos cucharaditas de ajo molido y ponga algunas hojas de lechuga. Un manjar.

—¿Cómo se prepara esto don Quispe?

—Mira hombre, tu picas todos los ingredientes y lo pones en el jugo de los limones, lo acompañas con lo que tu quieras.

Cenamos ceviche.

—En realidad —me dice sin dejar de comer y de tomar cerveza el amigo Yosnar Quispe—, aquellos peremerimbinos eran todos unos fabuladores, mira hombre, no hay mujer que vuele, ni siquiera las brujas —se ríe de su comentario— te lo digo yo, que estoy casado hace treinta años con una de ellas —ambos reimos—. Mire, me dice mientras mastica y mirando el plato, Peremerimbé existió y el coronel Juan Elerguido también, lo demás es todo cuento, ellos eran de esa clase de gente que tenía mucha fantasía, mucha imaginación, decían que los magos de un circo los había alucinado, y que a través de los años esperaban siempre con ansiedad a esos italianos y turcos locos para maravillarse con esas tonterías de ver a los chimpancés emborracharse con cerveza y diabluras inimaginables que solo a ellos se les ocurría. Creo que es cierto eso de que unos árabes mataron al enano pervertido llamado Didú Valdivia —Llama al mesero, haciendo un chasquido con los dedos—. Porfirio —le dice señalándolo con el tenedor—, nunca se te ocurra dejar esta mesa sin cerveza, anda trae el segundo plato ahora mismo —Seca su transpiración de la cara y limpia su boca con la misma servilleta el señor Quispe—. Los del ejército dieron por desparecido a ése tal sargento Illapha Tavares. Le explico amigo, la verdad es que el sargento murió en la explosión y no que "aparentemente", ése sargento Tavares murió en la explosión del puente sobre el río Naranjillos, hace como cuarenta años atrás. El tal Cipriano Tavares que dicen que mataron en Moncadas hace veinte años, era un atrevido buscavidas y mujeriego que seguramente andaba en deudas por cuestiones ajenas a mis principios y al de todo aquel que profese el orgullo de ser conservador y nacionalista, —¡Hey Porfirio, alcánzame el directorio telefónico! —Porfirio, el mesero le alcanza un libro bastante gastado de la Compañía de Teléfonos— mire, mire hay en estas provincias decenas de Ciprianos Tavares. Olvídese del asunto, no despierte fantasmas.

Porfirio nos sirve el segundo plato.

—Esto se llama guiso de alcauciles, amigo. La preparación consiste en limpiarlos bien, luego tú le sacas las hojas duras y le vas cortando hasta llegar a los corazones, le blanqueas en agua hirviendo y dejas escurrir y guardas, tú sabes. esto va acompañado con batatas como tú le dices, ajo, aceitunas, cubos de papas y zanahorias.

—¿Es como un ceviche de alcauciles, Yosnar?

Lanza una fuerte risotada que altera el salón, se ahoga, tose, Porfirio acude en auxilio de su patrón, le palmea la espalda y Yosnar Quispe me dice luego del susto.

—Qué ocurrente y gracioso eres pendejo, "ceviche de alcauciles" —vuelve a reír y todos los presentes ríen—. Amigo, esto se llama guisado, te dije.

Su rostro pareció cambiar, se puso serio y sirvió más cerveza en su copa. Mantuvo un prolongado silencio.

—No pierda tiempo ni deje su vida en esta historia, y no se olvide. Dedíquese al periodismo especializado en la gastronomía. Hágame caso. Buena suerte, camarada —encendió un cigarrillo de tabaco negro y salió buscando la calle.

Después Porfirio, el mesero, me sugirió conocer y escribir esta otra historia, aprovechando el bullicio de la gente, nirando hacia afuera y mientras me dirigía al baño, a evacuar un poco de cerveza.

—Averigüe bien y escriba sobre la tragedia de Teresita Zurita Copertuno y habrá matado la lengua del viejo Yosnar Quispe. Viaje mañana mismo a Sâo Vicente, busque a la viuda de De León, ella le contará. Y busque a la señora Clementina Arce en Manvatará. Busque a la señora Guadalupe, era su amante. busque, busque, no se detenga y no se olvide de Ofelia Ortigoza, ella también sabe demasiado. Yosnar es un agente de Inteligencia del Gobierno. Ya le llevo el postre, no me mire, no me hable. Pero deje pago el "servicio" en la mesa.

©Walter R. Quinteros- Cuentos de Peremerimbé.




Comentarios